
Mi infancia era una plaza de cemento
con niños que jamás decían basta
si había un balón de reglamento
y farolas que hacían de canasta.
Mi infancia fue soñar con ser un hombre
y abstraerme en las clases por decreto
y llamar a mi padre por su nombre
y llorar por las noches en secreto.
Mi infancia fue mentir con mi verdad,
descubrir las cosas por mi mismo,
atraerme lo prohibido y la maldad,
navegar al borde del abismo.
Mi infancia era jugar a ser un niño,
ser un indio si mi hermano era un vaquero,
tirar los cuadros del pasillo
si César era Lineker y yo el portero.
Mi infancia eran peleas clandestinas,
luchar con mi hermana y su autismo.
¡Me enfadaban sus largos silencios!
Eva, tan hermana y tan distinta
de mi mismo.
Mi infancia es una emoción que aparece,
que agito sin que nunca se disuelva.
Mi infancia era feliz y cada noche
recito una oración para que vuelva.
Mi infancia fue lo que fue,
que no fue poco.
Hay que ver cuanto
incordiaba,
aquel bajito tan loco.
Dolar.
2 comentarios:
yo no era autista, simplemente no sabia como llegar a vosotros, yo era la pieza q no encajaba
incordiar si que incordiabas un rato. veo que sigues en la línea
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